Emérita UP

Un centro forjador de pensamiento popular basado en el arte.

HELMER VELASQUEZ

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La trascendencia histórica no la otorga la edad, esta es –solamente– un indicador de arraigo y trascendencia cronológica. Es la acción social y política la que otorga el estatus histórico. Ese es el caso de la Universidad Popular. Entidad que, desde su creación en 1922, hace ahora 90 años, está ligada a la ascendencia, vocación de servicio y visión política que tuvieron sus fundadores:  Miguel Ángel Asturias, Porfirio Barba Jacob, David Vela,  entre  otros.  Pocas veces los guatemaltecos, hombres y mujeres, podemos expresar orgullo por nuestras instituciones. La Universidad Popular es una de esas extrañas excepciones. La razón fundamental estriba en la nobleza de sus fines y lo básico y humano del principio que la inspira: Solidaridad.

La Universidad Popular, cuya paternidad y objetivos los debemos a aquellos excelsos universitarios, que convencidos del valor de la educación y su papel transformador en la mente y el espíritu de los pueblos, crearon por asocio no lucrativo un centro forjador de pensamiento popular basado en la difusión de las artes y los oficios. La estrategia era –y es– la formación al alcance de horarios y peculio de obreros y sectores populares. Inició su labor la entidad, transmitiendo  los rudimentos del alfabeto y la especialización industrial y con un impacto social  tan importante que, inmediatamente después de su creación, surgieron “sucursales” en barrios citadinos y posteriormente en el interior del país.

El intelecto, sin embargo, ha sido enemigo de las dictaduras. La difusión de conocimiento es asumido por los dictadores como actividad subversiva, que escapa a su control y en tanto aquello: germen atentatorio a sus intereses. De esa cuenta y como Guatemala no es la excepción, la dictadura de Jorge Ubico ordenó –en 1932– intervenir la Universidad Popular  por su Ministro de Educación. Posteriormente decretó su cierre. Sin embargo,  la Revolución de Octubre –1944– no solamente rescata la institución sino que la fortalece. Reiniciando funciones en 1946 con la formación teatral, posteriormente funda su escuela de Artes Plásticas en 1962. Sin obviar la actividad deportiva que de 1950 a estos días impulsa con gran éxito, reconocidos campeonatos de básquetbol que congregan ligas de hombres, mujeres y niños. De 1947 a la fecha se imparten las artes de la cocina, la guitarra y la marimba, cuya calificación profesional y artística es ampliamente reconocida.

Por aquellas ejecutorias es la Universidad Popular, parte del  Patrimonio Cultural de la Nación, –Gobierno de la República, 2007–. Al sumarme al homenaje por sus 90 años, abogo por mayor aporte público y social para tan emérita e histórica institución.

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