Territorios VI

Repensando el desarrollo rural:nuevos desafíos para la economía campesina y la institucionalidad democrática.

 

Bajo la denominación “Territorios” decidimos hace ahora seis años lanzar una
revista anual, que complementara actividades de investigación y diera voz pública
al pensamiento institucional generado a partir de las líneas estratégicas del Instituto
de Estudios Agrarios y Rurales de la Coordinación de ONG y Cooperativas, una
brega, que ha contribuido para facilitar a nuestros investigadores e investigadoras la
publicación de trabajos sucintos o informes parciales de investigación. Y en su caso,
artículos específicos con ocasión de la publicación de la Revista.


La tarea se complementa con dos vertientes sumamente importantes para nosotros:
Publicar artículos de autores invitados, quienes enriquecen nuestro, acervo, y nutren
con particular vehemencia la avidez de conocimiento de nuestros lectores y lectoras y
la apertura de un espacio para la publicación de autores jóvenes. Todo aquello en el
análisis de la problemática agraria y el desarrollo rural.
Hasta ahora, hemos logrado, generar un cuerpo de lectores y lectoras, altamente
críticos de los trabajos presentados, sin embargo, igualmente cálidos en la recepción
de la publicación. Lectores y lectoras que han estado prestos a señalar los vacíos de
nuestra revista, tanto en forma como fondo, a quienes reconocemos el estimulo que su
acuciosidad y lectura suponen para mantener esta modesta publicación anual.
La Revista hasta hoy ha recibido la colaboración de científicos sociales, hombres y
mujeres, guatemaltecos, latinoamericanos, estadounidenses y europeos, cooperación
que apreciamos enormemente, y que han realizado desde una desinteresada voluntad

de compartir ideas, sin otro aliciente que colaborar con la sociedad nacional y
particularmente con las organizaciones indígenas y campesinas, abonando con sus
escritos agrarios, y rurales, la construcción de una importante red de argumentos, e
ideas dedicadas a promover desde la solidaridad intelectual soluciones profundas a los
atávicos problemas agrarios y rurales de la Guatemala de siempre.
En este sexto número de Territorios, comparten con nosotros ideas y propuestas,
académicos vinculados a la investigación y la acción política en las Universidades de
San Carlos y Rafael Landívar, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales –
Capítulo Guatemala-, y dos investigadores de la casa; el Instituto de Estudios Agrarios
y Rurales. Un aspecto que hace sui generis el contenido de este número, es el hecho de
publicar la propuesta de las Universidades de San Carlos y Rafael Landívar, sobre los
derroteros que desde su juicio debe discurrir el Desarrollo Rural en el país. Se trata de
un camino para superar la postración, pobreza y exclusión en el campo nacional. La
razón de este hecho editorial radica, en la vigencia de la propuesta y su pertinencia.
Esta iniciativa Universitaria, que al igual que en su momento lo fue la propuesta sobre
Reforma Agraria integral, -CNOC 2005-, tiene características político sociales, que no
pueden pasar desapercibidas para la sociedad nacional. Se trata de un hito histórico,
primero porque involucra a dos centros de pensamiento de alta reputación académica.
Segundo, trae a la academia a involucrarse, de nuevo, en un problema que se considera
la causa fundamental de la pobreza y exclusión que alrededor de tres millones de
personas y que hace inviable el desarrollo nacional.
Tercero, es especialmente importante para nosotros que la Universidad de San Carlos,
luego de décadas de ausencia, este de nuevo en el centro de los debates nacionales
con una actitud crítica, y propositiva, es decir que asume de nuevo los desafíos de su
mandato. Este hecho en términos de país puede estar significando el fin del círculo
perverso del oscurantismo. Por estas razones y la correspondencia con la temática de
nuestra revista, los editores hemos decidido publicar la propuesta universitaria.
Luego de estas necesarias consideraciones, vamos ahora a referirnos al contenido
de este número: el sexto; en el cual dedicamos buena parte a revisar el estado de la
institucionalidad agraria en el país y las necesidades que atisbamos necesario empezar
a superar, como Estado y gobierno, luego de décadas de la errónea desarticulación del 

Sector Público agrícola y posterior “restructuración”, del Ministerio de Agricultura en
Guatemala.
Una constatación obvia, pero necesaria, de expresar, es que a nuestro juicio el
debate sobre la institucionalidad agropecuaria ha vuelto a la agenda política y social,
particularmente luego del fuerte llamado de atención que significaron las recurrentes
crisis de hambruna y la expectativa de presenciar revueltas por hambre, debidas a la
inaccesibilidad a los alimentos, derivada de sus altos precios, ocurrido en el segundo
lustro del siglo veintiuno.
Lo anterior puso en relieve no solamente la institucionalidad pública, trajo a cuenta una
cuestión de suyo mas importante: la viabilidad de la agricultura, en Guatemala, de hoy,
fundamentalmente de aquella agricultura campesina, dedicada al autoabastecimiento
de alimentos, pero que en términos prácticos se constituye en el sector productivo, que
surte de alimentos a las familias guatemaltecas. De ahí su importancia. Luego de aplicar
políticas oficiales que lograron llevar al aparato Estatal al borde al aniquilamiento.
Parece que la sociedad despierta asombrada, de un prolongado letargo.
El mea culpa del Estado y la Banca internacional de desarrollo debido a los desastrosos
resultados de sus políticas de reducción del Estado y abandono del campo, no son
suficientes. Es evidente que la lección no ha sido correctamente asimilada por los
estamentos de la burocracia nacional e internacional. Y es que ese Estado débil es
aprovechado, por el empresariado oligopólico nacional e internacional para imponer
–de nuevo- sus normas para el campo e iniciar un nuevo ciclo de acaparamiento de
tierra productiva, al servicio del agro negocios. La crisis por este rumbo se agudiza.
Es así que pese a lo prescrito en los Acuerdos de Paz, la agricultura campesina, continúa
en abandono, las políticas de las Instituciones Financieras Internacionales, seguidas
por el gobierno nacional, van ahora sobre un nuevo ciclo de compensadores sociales
hacia el campesinado. Toman, ahora, estos la forma de transferencias monetarias
condicionadas y donación de raciones alimentarias.
Desde la mirada de la burocracia internacional de “desarrollo” y las esferas empresariales
y gubernamentales nacionales, sigue asumiéndose al campesino como objeto de
caridad, no como el sujeto productivo que históricamente y pese a la adversidad ha
logrado ser, y de hecho sigue siendo la principal fuente alimentaria nacional. Es decir 

que lo que esta variando son las formas pero subyace la ambición de descampesinar el
campo. Pese a lo cerrado de esta visión política y económica que sobre el campesino
aún pesa. Sin embargo, en la esfera social y del pensamiento democrático, la agricultura
y la familia campesina ha cobrado de nuevo relevancia.
Es esta recuperación de conciencia social sobre la importancia del desarrollo rural y en
particular la agricultura, en que la sociedad empieza a dejar de ver a los campesinos
como la rémora, y sinónimo del atraso. Amplios sectores sociales vuelven a reconocer
el importante papel que en la economía, sociedad y política tiene las agricultura
familiar campesina, es para contribuir a animar ese “despertar” que la “Territorios 6”
pretende abonar para estimular el debate y la propuesta. Demandamos un Estado que
se preocupe por la agricultura familiar campesina, en términos de estimulo financiero,
expansión, protección. En síntesis de su fomento. De de esta depende un futuro sin
desnutrición de los y las guatemaltecas. Debe finiquitarse ya la concepción, de que es
posible concesionar los servicios públicos agrícolas a organismos privados.
Tres décadas de experimento deben ser suficientes, para volver a un Estado en donde
soberanía y seguridad alimentaria de la población, sea uno de sus rasgos básicos de su
existencia.


Guatemala noviembre 2011.

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