El Presidente está involucrado en acciones de aniquilamiento..

HELMER VELÁSQUEZ

El apellido Pérez Molina aparece ligado a masacres y ejecuciones extrajudiciales a lo largo de la historia reciente. Desde las operaciones de campo en Quiché, hasta los oscuros escondrijos de la investigación militar. Son múltiples las referencias, desde reportes del mismo Ejército, testimonios de víctimas e informes de entidades defensoras de Derechos Humanos. Las andanzas del capitán Pérez Molina lo ubican en campañas de aniquilamiento en territorio Ixil y tareas de investigación para ubicar, capturar, interrogar y aniquilar al enemigo, de estas últimas ejecutorias, la más conocida es la tortura y asesinato de Efraín Bámaca Velásquez en las mazmorras militares.

El ahora Comandante General del Ejército está de nuevo involucrado en acciones de aniquilamiento, esta vez en contra de pobladores de Totonicapán. De nuevo los quichés. “Se trata de un caso fortuito” ¡ocho muertes! Quién lo cree. A juzgar por la hoja de vida del Comandante General, este vendría a ser un hecho recurrente, incluso “normal”, tan común en el medio que ni siquiera se ha disculpado con los deudos, con el pueblo. Es el mundo el que se conmueve, se indigna, por Guatemala, por los pueblos originarios. En solo nueve meses la mano dura ha entrado en acción varias veces, la administración del Estado es incapaz de prevenir el conflicto. Solo sabe reprimirlo. La asesoría política presidencial está dedicada a afirmar que no hubo genocidio; que urge reformar la Constitución. No da para más. Ridiculizan al Presidente al hacerle decir que no hubo disparos, luego frente a lo evidente, dicen que sí, pero “al aire”. ¡Esperan que creamos esta torpe versión! Es espuria, mancilla nuestra inteligencia, insulta la memoria de las víctimas.

Atanasio Tzul, Lucas Aguilar y otros eximios quichés, allá en sus aposentos, con orgullo, rabia y expresa rebeldía, verán discurrir la historia de su pueblo, esa que continúa escribiéndose envuelta en el vaho maternal del corazón del cielo; continuarán los cabeceras sus cavilaciones: lo justo de su resistencia al invasor, a sus tributos, a su Carta Magna, esa que les ignora. A sus empresas, esas que esquilman sus bienes naturales, las que en cuadrilla esperan la nocturnidad, el despoblado y la ocasión de robo. Se trata de depredadores que acechan para sonsacarles sus aguas y sus bosques.

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