Antonio Mobil, relator de la historia.

Helmer Velásquez

Dividiendo los tiempos de la vida, entre la irrefrenable lucha por materializar utopías, los atajos de la política, esquivar la acechanza criminal de las dictaduras, y el delirio por ordenar letras, construir palabras, frases e historias. El personaje, además, se ha dado el tiempo para encuadernar paginas y “fabricar” libros, ya los propios, ya los ajenos dejando en la tarea los sudores tempestuosos  del creador atormentado por la idea de la perfección. Es esta una vaga y nada justa descripción de los surcos desde los cuales ha cultivado la vida el intelectual guatemalteco Antonio Mobil. Este relator de la historia, con vocación de maestro, sentenció en entrevista para elPeriódico el penúltimo día de agosto: “Sin historia no hay memoria que archivar, y sin eso no hay conciencia”. Esta frase sintetiza la ruta para la construcción del nuevo Estado Nacional. 

Mobil afirma haberse encontrado con los caminos de la Revolución guatemalteca, en la práctica política, del período revolucionario. Esta vena no se le agota aún. Confiesa estar apartado del “destacamento avanzado de la clase obrera”, encontrarse fuera de los partidos políticos de la izquierda nacional. No obstante, firme como militante revolucionario. Así que fiel a la tradición del militante, su reciente tarea ha sido lo que él propone como un legado a la juventud: una interpretación de la historia. Guatemala, el lado oscuro de la Historia es el título que nos sugiere. Es una llamada - –dice- a superar la amnesia y su cauda fatal: la anomia. La interpretación de los hechos, la hace, en palabras de Alvaro Castellanos Howell, de la forma “más apegada a su conciencia”. 

En los derroteros de la vida, cuyos vericuetos no siempre determinamos, he tenido poco contacto personal con “Tono”. Es hasta hace apenas un par de meses que me tocó compartir mesa de trabajo con él, al coincidir en la Comisión Organizadora del Centenario del Nacimiento de Jacobo Árbenz, ocasión en que recibí de su mano otra de sus obras: La Década Revolucionaria 1944-1954. Así que en esta Guatemala esquiva al reconocimiento de sus intelectuales, peor si estos se están inmersos en la primera línea de la “batalla por Guatemala”, tal cual es el caso de Antonio. He dedicado esta columna a reconocer a este hurgador de historia, buscador de oficio, revelador de secretos, artesano traído al mundo para poner los acontecimientos en su justo sitio. 

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