Presidente, usted obvia el agro
Usted debe ser coherente.


Helmer Velásquez 
La propuesta presidencial de reformas constitucionales omite la cuestión agraria. Se pierde otra oportunidad de abrir la puerta a la solución de nuestras laceraciones, la posibilidad de intervenir firme y democráticamente en el inicio de la solución al entuerto histórico. Elevar a rango constitucional el régimen agrario, trae a la sociedad innumerables ventajas: Por un lado garantiza el papel rector del Estado sobre la agricultura, hablamos de la necesidad democrática de garantizar la producción de alimentos sanos y abundantes. Esto como prioridad, lo que no excluye cultivos para el comercio, siempre que no produzcan efectos dañinos al ambiente. 

La otra ventana de oportunidad está en facilitar y mandatar a los administradores del Estado a promover legislación eficaz sobre el agro, ya prescrito en los Acuerdos de Paz y que sin embargo, salvo las acciones del insigne magistrado, Rodolfo de León Molina, ningún organismo de Estado ha emprendido a la fecha la tarea. Es decir, se trata desde el ámbito constitucional de despersonalizar cualquier iniciativa en aquella dirección. No existen impedimentos, ni faltan justificaciones para instaurar constitucionalmente el régimen agrario, baste decir que la mitad, más uno, de los guatemaltecos vivimos en el área rural. Que la exportación deviene del agro y que un tercio de los trabajadores guatemaltecos depende de la producción agrícola. Los alimentos básicos –el 70 por ciento– provienen del agro nacional, del campesinado. No hay impedimento legal, ni económico, para elevar la cuestión agraria a la Constitución. Más bien, existe urgencia social, económica y política por reconocerle al agro la categoría que merece. Esto, a nuestro juicio, se lograría con un asidero constitucional, que no es más que la expresión jurídica del reconocimiento social de nuestro campo, productores y productoras.

Así la evidencia, Presidente, usted que considera la economía familiar campesina eje central de su programa de gobierno, está ante una posibilidad histórica inconmensurable: sentar las bases para un Estado moderno, en donde agro y agricultura transcurran de ser estadios de opresión, pobreza y exclusión, a fuerzas que dinamicen la economía y fomenten la inclusión. Su propuesta de reforma constitucional, sin elementos transformadores, no irá más allá de una mera ocurrencia del General y un reducido círculo de político sin valentía histórica

Para ver edición digital de ElPeriódico presione el siguiente enlace

 

http://elperiodico.com.gt/es/20120719/opinion/215252/