De estadistas… poco

El político de traspatio se enfunda en la legalidad.

Helmer Velásquez

La visión del Estado como instrumento supremo para generar y garantizar bien común, requiere, necesariamente, de administradores y operadores, con desarrolladas habilidades negociadoras, excelsa capacidad de proposición, realización y gestión, se trata de hombres y mujeres, cuya legitimidad no radica en haber ganado una elección popular; mucho menos si esta se obtuvo luego de millonarias inversiones en creación de imagen y acarreo de votantes. El hecho de ganar una elección no es sinónimo de pensamiento político preclaro. El Estadista genera aquiescencia, concita consenso, rehúye de la violencia, articula estrategia y facilita la construcción de futuro. El político de traspatio se enfunda en la legalidad, enfrenta, reprime, impone y se asume legitimado. Ese es nuestro caso.

Pérez Molina consolidó su llegada a la Presidencia al obtener el 54 por ciento de los votos válidos en la segunda vuelta electoral. De un total de siete millones trescientos mil ciudadanos con derecho a voto. Es decir, que –alrededor– de cinco millones de ciudadanos aptos para votar no le otorgaron ningún mandato, de donde podemos colegir que la legitimidad del mandatario, en términos de voto, es relativa. 

Traigo el asunto a colación con ocasión, por los argumentos que sobre su legitimidad esgrimió el Presidente de la nación, para fundamentar la decisión de militarización del país, objetivada en la instalación de bases militares; verbigracia San Juan Sacatepéquez, en donde los vecinos se oponen a la milicia en su municipio y para dirimir la controversia, proponen una democrática consulta ciudadana. Los hechos durante este primer semestre de gobierno, constatan que el país, no es administrado por estadistas. Las puntadas que hasta ahora, habían ayudado a ubicar una imagen de expectativa positiva, por ejemplo: La propuesta sobre la legalización de las drogas, reforma Fiscal y Constitucional, han empezado a empequeñecerse, cuando se les compara con lo cotidiano: represión brutal en Barillas, delincuencia rampante, alta contratación de militares en la administración pública, cierre de archivos de la paz, deuda pública en ascenso, negar el genocidio, cero acciones positivas a favor del campesinado y de cierre, las torpes formas en que se ha manejado la demanda de los estudiantes de magisterio. Lamentable, pero empieza a quedar claro el imperio del sable, la bota y la bayoneta.

 

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