Parches o reforma
Las más variadas expresiones apoyan la idea.

Helmer Velásquez

La modernización y saneamiento del Estado por la vía de reformar la Constitución política de la República tiene más adeptos que detractores, a juzgar. por las reacciones que la propuesta presidencial ha suscitado. Las más variadas opiniones coinciden en que es un buen momento para emprender la tarea. Las divergencias afloran en el mecanismo para realizarlo, y en la profundidad de la cirugía política. A nuestro juicio, la sociedad nacional debe encarar la reforma en toda su dimensión, no es correcto elaborar un conjunto de parches.

Algunos botones de muestra. La función social de la propiedad: es inaudito que a estas alturas de la historia, una sociedad que se precia de moderna, como la guatemalteca, no reconozca el carácter social de la propiedad. Estamos aún sujetos al anacrónico precepto de propiedad absoluta, que se corresponde con concepciones de siglos anteriores. Una redefinición de la nación: debe avanzarse hacia una definición acorde con los derechos de los pueblos que acá convivimos. No somos una sociedad monohablante, ni existe un solo pueblo en este territorio. La Constitución actual hace referencia a comunidades y grupos indígenas. Arcaísmo, producto del racismo de Estado, que se intentó superar a partir de lo pactado en el Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas. Son ahora mejores tiempos que la coyuntura vivida en la fallida reforma constitucional de 1998, consultada al pueblo en 1999.

Otro elemento fundante del buen vivir, fuente histórica de conflictividad, riqueza y miseria: el régimen agrario. Este habrá que elevarlo a rango constitucional y desarrollarlo desde principios de justicia social propios de un Estado moderno y equitativo. Se trata de sentar bases para la emisión de legislación ordinaria que dinamice las relaciones de producción en el campo y democratice el uso, tenencia y propiedad de la tierra. El agua es otro bien público cuyo uso, sostenible, debe calcarse en la Carta Magna, más allá de las meras referencias actuales. Es decir, si “le vamos a meter mano a la Constitución”, hagámoslo con la profundidad y extensión necesarias. De nada valdrá “parchar” el texto actual. Una tarea de chapucero solo creará nuevos problemas y galimatías legales. Estamos frente a un proceso de reforma profundo que a nuestro juicio debe estar a cargo de una Asamblea Nacional Constituyente.

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