¿Y la política agraria?

El documento se transforma en un texto estrictamente discursivo.

Helmer Velasquez

El Gobierno de la República anunció el 17 de este mes su Estrategia de Desarrollo Rural,  documento que con sus luces y sombras es evidentemente un instrumento importante para la vida política, social y económica del país. Un desacierto del texto es insistir en lo que ha sido proclama de gobierno: la Agricultura Familiar campesina como objeto de fomento. Y es que, tratándose del segmento de población que sostiene el abasto alimentario del país y la mayor fuente de empleo, es totalmente procedente que se transforme en el objetivo de atención de la política agropecuaria de la nación. Sin embargo –y por no ir más allá–  al señalar líneas estratégicas sin explayarse en  cómo se hará aquello, el documento se transforma en un texto estrictamente discursivo. 

Ahora bien, y sobre el fondo del asunto. Una ausencia notable en el documento es la política agraria; sobre esta se circunscribe a señalar: la necesidad de formularla, sin profundizar la ruta a seguir, ni las bases para la misma. Esta omisión podría  interpretarse de diversas maneras: escasez de tiempo del equipo gubernamental, ausencia de voluntad política para encarar la tarea, o la multiplicidad de consultas necesarias para tal fin. Es obvio, al ojo crítico del ciudadano, que una ausencia de tal magnitud podría ser base para desaprobar la estrategia aludida. Y es totalmente evidente que, sin acceso a tierra, formas de manejo específico de la producción, infraestructura, litigio agrario y un sin número de elementos atingentes a la producción en el agro, es impensable una estrategia real.

Dicho  lo anterior, e incluso aceptando como válida la tesis de que el campesinado nacional no depende  en exclusiva  de la producción agropecuaria, sus medios de sustento incorporan una serie de opciones que nos hablan de una economía diversificada; sin embargo, es incuestionable que la base económica de 800 mil productores en este país corresponde a la actividad agropecuaria. Señalar esta ausencia, no pretende la descalificación de la iniciativa. No. Es un llamado a corregirla. Otra cuestión es ser escépticos en cuanto a la prioridad real de la gestión gubernamental, pues resulta que el otro eje que “va al campo” es la inversión privada, nada novedoso, además de señalar que se aplicarán a esta –según la estrategia de gobierno–  criterios de ética, ambiental, laboral, y de pertinencia cultural. 

Columna publicada en la sección Editorial de elPeriódico.com.gt de fecha 24 de mayo de 2012