Se agota el Gobierno

La ecuación no se resuelve, el Gobierno se presenta atribulado.

Helmer Velásquez

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Enormes expectativas penden aún sobre la gestión Pérez Molina, figura presidencial que descolló en los primeros meses de gobierno, con inusitado liderazgo, aupado por la cuestión de legalizar las drogas, retomar PetroCaribe, incipientes éxitos en la detención de bandas criminales, y la impresión que el aparato público por fin se ponía a trabajar. Incluso el haberse fijado como meta atender con prioridad la economía familiar campesina, hacían prever un nivel importante de liderazgo y cierta autonomía política en relación a los tradicionales factores de poder.

Sin embargo, la coyuntura política empieza a modificarse durante la segunda quincena del mes anterior: campesinos q’eqchi’es demandan justicia y acceso a la tierra. La Presidencia del país asiste a su encuentro. De allí en adelante, el espectro político no es el mismo. Los empresarios del agro exigen mano dura en contra de las demandas y formas de lucha campesina y continúan, obcecadamente, atacando política y legalmente la iniciativa de Ley de Desarrollo Rural Integral y la política concernida.

Santa Cruz Barillas, en Huehuetenango, le pone la tapa al pomo. El aplomo presidencial desaparece; los nervios se crispan, se activan los mecanismos de represión del Estado, surgen desatinadas declaraciones públicas. La cuestión sacó de sus casillas a la dirigencia gubernamental; cargan la responsabilidad de los hechos sobre la población y la cooperación Internacional.

La ecuación no se resuelve, el Gobierno se presenta atribulado. La imagen de estadista sufre un desgaste acelerado. Si a esto sumamos el “clavo” ministerial en Salud y la impolítica actitud con que el Presidente defiende lo indefendible, hacen más gris el ambiente. Un ministro “con cola”, que si bien es inocente hasta no comprobar lo contrario, refleja el nivel de improvisación, opacidad y falta de criterio utilizados para el nombramiento de la alta burocracia. 

Este agotamiento prematuro obliga al Gobierno a tomar un segundo aire, terminar con el equivocado Estado de Sitio en Barillas, salida obligada del ministro salubrista y ejecutar ahora medidas positivas a favor de la población rural mucho más allá de los ineficaces fertilizantes químicos. En síntesis, han quedado expuestos los puntos flacos. 

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